La Puebla de Albortón es un pueblecito de la provincia de Zaragoza, a 41 km de la capital. Se encuentra situado al pie de los Llanos de la Plana, donde se extienden las 7635 hectáreas del municipio. Por arriba se enlaza con el Sillero y con la fronda pinariega próxima a la carretera. Pero La Puebla de Albortón queda abajo, abierta a la llanura que parece no tener fin, a 483 metros de altitud sobre el nivel del mar. Algunos historiadores afirman que en este mismo lugar se levantó Ebora, la ciudad citada por Ptolomeo, una de las poblaciones edetanas más importantes, junto con Salduba.
El secano depara buenos pastos y tierras de labor. La ganadería siempre contó con varios miles de cabezas de lanar. El futuro podría ser mejor con mayores caudales de agua. Es una esperanza alentada por el vecindario, cuando las conversaciones se animan en torno a la fuente de la plaza, entre los edificios monumentales de la iglesia parroquial y el Ayuntamiento.
El paisaje es árido. Los secarrales invaden la carretera, y el casco urbano se repliega tras los últimos relieves montañosos, como pegado a la tierra, temeroso de los vientos y los soles que lo azotan despiadadamente, según las épocas del año.
Junto a las huebras y los sembrados crecen los tomillares y espartales. La vida es dura, sin duda, y el hombre se forja con buen temple cuando recibe la herencia de su propio paisaje, donde tiene hundida su raíz. Uno llega a acostumbrarse a las amplias parameras, sin apenas la sombra de un árbol elevando el verde a las alturas, cuando lo suyo es mecerse con oleajes de mar sobre los campos que fueron sembrados con el buen tempero de la otoñada. Las primaveras lucen su tonalidad prometedora.
Tan sólo dentro del pueblo, en la plaza, crecen las jóvenes acacias, como un grito de esperanza, anunciando la redención definitiva para los años venideros, no se sabe cuándo. En este mismo término, fueron encontrados interesantes objetos, distintas piezas de uso pertenecientes a los períodos Achelense y Musteriense. La Puebla de Albortón figura entre los yacimientos paleolíticos del valle del Ebro, que son los más importantes.
En otro orden de cosas, tampoco hay que olvidar que de aquí salieron los materiales que fueron empleados en la construcción de la Santa Capilla de Nuestra Señora del Pilar. En la relación de la obra, que fue encargada a Ventura Rodríguez, se hace referencia a los jaspes y mármoles utilizados, procedentes de Italia, de Tortosa y de la Puebla de Albortón.